La historia de cualquier cubierta pizarra comienza en la cantera, donde se extraen bloques de pizarra con la veta y calidad adecuadas. Estos bloques se someten a un proceso de corte, laminado y calibrado para transformarse en tejas de pizarra listas para su instalación. No se trata solo de cortar piedra: seleccionar el grosor adecuado, clasificar por resistencia y color y preparar cada pieza para que encaje perfectamente en un tejado pizarral es fundamental. Este cuidado en la fabricación asegura que cada pizarras tejado tenga impermeabilidad, resistencia a heladas y durabilidad, garantizando que el material funcione durante décadas.
Ventajas de la pizarra sobre otros soportes de tejado
Elegir pizarra para tejados frente a teja cerámica, asfáltica o incluso metálica tiene varias ventajas. Primero, su durabilidad: mientras otras cubiertas pueden necesitar revisiones cada 20 o 30 años, una cubierta pizarra bien ejecutada puede superar los 100 años. Además, su baja absorción de agua y resistencia a heladas, rayos UV y cambios de temperatura la hacen ideal para cualquier clima. Desde el punto de vista estético, un techo pizarra aporta elegancia natural, y la piedra envejece con dignidad, desarrollando matices únicos que ningún material sintético puede imitar. Por último, su mantenimiento es mínimo, lo que la convierte en una inversión rentable a largo plazo.
Diferentes formas de tejas de pizarra
La pizarra para tejados ofrece varias formas, cada una con ventajas específicas para la colocación y la estética de la cubierta. Entre las más habituales se encuentran:
Teja rectangular: La forma más clásica y versátil, ideal para cubiertas con pendientes estándar. Su colocación es sencilla y permite un solape regular que garantiza impermeabilidad.
Teja cuadrada: Similar a la rectangular, pero con un patrón más compacto que da uniformidad al tejado y facilita los remates en aleros y bordes.
Teja redondeada tipo escama: Muy utilizada en estilos tradicionales o decorativos. Permite crear efectos visuales en patrones escalonados, combinando funcionalidad con estética.
Teja romboidal: Perfecta para cubiertas inclinadas con pendientes pronunciadas. Su solape eficiente asegura un buen drenaje y añade un aspecto moderno y elegante.
Teja especial o personalizada: Algunas canteras ofrecen formatos adaptados a necesidades arquitectónicas específicas, como remates en curvas o cubiertas con formas complejas.
Cada forma de pizarras tejado requiere un cuidado especial en el solape y la fijación para mantener la eficiencia del tejado pizarral y garantizar su durabilidad.
Colocación de la pizarra
La colocación de la pizarra requiere precisión y conocimientos técnicos. Se empieza con un replanteo cuidadoso para que la primera hilada de tejas de pizarra quede perfectamente alineada, ya que de ella depende toda la cubierta. La fijación puede realizarse con clavo inoxidable o gancho, según el sistema y la posibilidad de mantenimiento futuro. El solape se ajusta según la pendiente del tejado y las condiciones climáticas, asegurando que la cubierta sea completamente impermeable. Los remates en cumbreras, chimeneas o encuentros con paramentos verticales son esenciales para evitar filtraciones. Un tejado pizarral correctamente ejecutado combina la resistencia natural de la piedra con la técnica adecuada, ofreciendo un resultado duradero y estéticamente impecable.


