Cocina de obra rustica: cómo se construye paso a paso

cocina de obra rustica

La cocina de obra rustica no se monta, se hace. Y eso cambia por completo la forma de afrontarla. Aquí no hay módulos prefabricados ni soluciones rápidas: hay ladrillo, rasillón, mortero y muchas decisiones que se toman en la propia obra. Quizá por eso, cuando está terminada, transmite algo distinto. Más peso, más verdad. He hecho unas cuantas y todas tienen algo en común: si el proceso es bueno, el resultado se nota durante años.

En este artículo te explico cómo se ejecuta una cocina de obra, con el orden real que se sigue en obra y sin pasos de manual que luego no encajan con la realidad.

¿Que es el microcemento?

Una vez la cocina de obra está regularizada con mortero, el microcemento es una de las mejores opciones para cubrir este tipo de superficies continuas. Permite un acabado uniforme, sin juntas, que se adapta perfectamente a encimeras, frentes y laterales, respetando la geometría de la obra y aportando resistencia y facilidad de mantenimiento. Además, su aplicación directa sobre soporte cementoso lo convierte en una solución muy coherente cuando se busca continuidad visual sin perder carácter constructivo.

Qué entendemos por cocina de obra

Cuando hablamos de Cocina de obra, nos referimos a una estructura fija levantada directamente en el sitio, normalmente con ladrillo y rasillón, que sustituye a los muebles convencionales. Es lo que da lugar a las conocidas Cocinas con muebles de obra, donde la base es sólida y permanente y los acabados se adaptan al estilo de la vivienda.

En el caso de una Cocina de obra rustica, este sistema encaja especialmente bien, porque permite crear volúmenes más contundentes, proporciones más naturales y una continuidad visual que cuesta mucho conseguir con mobiliario estándar.

cocina de obra

Ejecución real de una cocina de obra rustica

El proceso comienza siempre por las patas. Son la base de toda la cocina y se ejecutan directamente con ladrillos. Aquí es fundamental marcar bien alturas y alineaciones desde el principio, porque todo lo que venga después dependerá de estas patas. No es una fase complicada, pero sí decisiva. Una pata mal nivelada se arrastra durante toda la ejecución, por mucho que luego se intente corregir.

Una vez levantadas las patas, se colocan las baldas. Estas se realizan habitualmente con rasillón, apoyándolo sobre las patas ya ejecutadas. El rasillón funciona muy bien en este punto porque permite salvar distancias cortas con seguridad y crea una base firme sobre la que seguir levantando fábrica. A partir de ahí, se continúa colocando más ladrillo según el diseño de la cocina, cerrando laterales, separaciones y volúmenes, siempre respetando niveles y escuadras.

Cuando todas las patas están terminadas y correctamente niveladas, se define la parte superior de la cocina. En este punto se puede optar por volver a colocar rasillón como base o ejecutar directamente una encimera encofrada de obra. En el caso de la encimera, se prepara un molde con maderas, se refuerza si es necesario y se realiza el volcado de hormigón. Es importante dejar la superficie bien plana, ya que será la base directa del acabado final.

Con toda la estructura terminada, se pasa al recubrimiento. Se regulariza la cocina con mortero o cemento, buscando planos continuos y superficies limpias. Este paso es clave, sobre todo si el acabado final va a ser microcemento u otro material de suelo continuo. Cualquier defecto del soporte acabará reflejándose en el resultado final, así que aquí conviene no correr.

Por qué este sistema sigue funcionando

Este modo de ejecutar una cocina de obra permite una libertad total en medidas y proporciones. No hay módulos cerrados ni límites impuestos por fábrica, lo que facilita adaptarse a espacios irregulares y aprovechar cada centímetro. Además, la sensación de solidez es evidente. Son cocinas pensadas para durar y para convivir bien con el uso diario, los golpes y el paso del tiempo.

En cocinas rústicas, además, este sistema aporta coherencia. La estructura forma parte del diseño y no se disfraza. Se nota que está hecha en obra, y eso, en muchos proyectos, es precisamente lo que se busca.

Errores habituales en cocinas de obra

Uno de los errores más comunes es no pensar el proceso completo antes de empezar. Cerrar estructura sin tener claras las instalaciones o los huecos de electrodomésticos suele traer problemas después. Otro fallo habitual es confiar en que el mortero o el revestimiento final corregirán errores de nivel o planeidad. En una cocina de obra, lo que no se hace bien desde la base, se acaba viendo siempre.

La cocina de obra rustica no es la opción más rápida ni la más sencilla, pero sí una de las más honestas. Bien ejecutada, se integra en la vivienda como si siempre hubiera estado ahí. No depende de modas ni de catálogos, sino de un buen planteamiento y una ejecución cuidada. Al final, como casi todo en obra, la diferencia está en hacerlo con orden, criterio y sin atajos.

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