Obra: Torre Tulipán (en ingles Tulip)
Autor: Foster + Partners
Lugar: City de Londres, Reino Unido
Constructora: No definida (proyecto no construido)
Estado: no construido
Año:
Datos técnicos:
Torre-mirador de aproximadamente 305 metros de altura, con un fuste extremadamente esbelto y una coronación acristalada en forma de “flor”. Estructura basada en un núcleo central rígido, previsiblemente de hormigón armado, con elementos metálicos en la parte superior. Uso principalmente público y educativo, con plataformas de observación y cápsulas panorámicas móviles. Proyecto rechazado en fase de planificación urbana.
Norman Foster
Hay proyectos que nacen para convertirse en iconos y otros que, sin pretenderlo, acaban siendo una lección de urbanismo. La Torre Tulipán pertenece claramente a este segundo grupo. Sobre el papel era ligera, futurista y muy londinense en su ambición. En la realidad, nunca pasó del render.
En este artículo quiero explicarte cómo se planteó la Torre Tulipán desde cero, cómo se desarrolló técnicamente y por qué, pese a tener un diseño potente, no superó el filtro urbano ni político de Londres.
El punto de partida: el lugar manda más que la idea
Antes incluso de dibujar la primera línea, el proyecto de la Torre Tulipán estaba condicionado por su entorno. El solar se situaba junto al 30 St Mary Axe, el conocido Gherkin, en el corazón financiero de la City. Es una zona donde cada metro cuadrado está vigilado, no solo por razones económicas, sino por una complejísima red de normativas visuales, patrimoniales y urbanas.
Aquí no se trata solo de altura o edificabilidad. En Londres se protege la silueta histórica de la ciudad, las visuales hacia la catedral de St Paul’s y una lectura muy concreta del skyline. Cualquier nuevo elemento vertical debe justificar su impacto. Y la Torre Tulipán, desde el primer momento, iba a ser imposible de ignorar.
El concepto: una torre que no quería ser rascacielos
Uno de los aspectos más singulares de la Torre Tulipán es que no se concibió como un edificio convencional. No era una torre de oficinas, ni residencial, ni un hotel. Su programa era esencialmente público y educativo, algo poco habitual en este tipo de estructuras tan altas.
La idea era crear una torre-mirador con espacios expositivos, plataformas de observación y cápsulas panorámicas móviles que ascendían por la estructura. Una especie de híbrido entre atracción cultural, elemento urbano y gesto arquitectónico. El problema es que, en una ciudad como Londres, este tipo de usos deben demostrar que aportan algo real al tejido urbano, más allá de la experiencia turística.
La forma: cuando la arquitectura quiere ser un objeto, Torre Tulipán o Tulip
Formalmente, la Torre Tulipán apostaba por una esbeltez extrema. Un fuste muy delgado que crecía en vertical hasta rematar en una gran “flor” acristalada en la parte superior. De ahí su nombre. La imagen era potente, casi escultórica, pensada para destacar entre volúmenes mucho más pesados.
Técnicamente, esto implicaba una estructura muy eficiente, con un núcleo central rígido capaz de soportar cargas de viento importantes y una coronación mucho más ancha que el propio cuerpo de la torre. Desde el punto de vista ingenieril, era viable. Desde el punto de vista urbano, generaba rechazo.
El diseño estructural: viabilidad no siempre significa aceptación
A nivel técnico, la Torre Tulipán o Tulip estaba lejos de ser una locura. El sistema estructural se basaba en un núcleo vertical muy optimizado, probablemente de hormigón armado, combinado con una estructura metálica ligera en la parte superior. La geometría permitía reducir apoyos y liberar espacio en planta, algo clave para un edificio tan estrecho.
El problema no fue la ingeniería, sino la percepción. Una torre tan delgada, tan alta y con un remate tan dominante generaba dudas sobre su comportamiento visual, no estructural. Londres no cuestionó si podía construirse, sino si debía hacerlo.
El impacto urbano: la gran razón del rechazo Torre Tulipán o Tulip
El punto de inflexión llegó cuando se evaluó el impacto de la Torre Tulipán en el skyline histórico. Las simulaciones mostraban cómo la torre aparecía en múltiples vistas protegidas, compitiendo visualmente con edificios emblemáticos y alterando la lectura tradicional de la ciudad.
Además, se cuestionó el beneficio público real del proyecto. El acceso era limitado, el uso educativo se consideró débil y el retorno urbano, insuficiente para justificar una intervención tan agresiva en altura.
La decisión final: cuando el urbanismo dice no
Finalmente, el proyecto fue rechazado por las autoridades urbanísticas. No por un fallo técnico, ni por inviabilidad económica, sino por una cuestión de coherencia urbana. La Torre Tulipán no logró convencer de que su presencia mejorara Londres.


